Por una enseñanza y práctica del diseño comprometida con la realidad.
August 29th, 2010Casi al final de la primera década del siglo XXI, hoy nuevamente me encontraba con un material que analizaba la salida del Manifiesto 2000 “First Things First” , impulsado por Tibor Kalman, un gran diseñador ya fallecido, que públicamente ya en 1989 en un Congreso de AIGA había animado a sus colegas a tratar de “subvertir” el proceso de diseño y a hacer que sus clientes fueran más responsables socialmente. La publicación del Manifiesto generó muchas controversias al final de una década donde las “batallas” se habían concentrado en cuestiones estético-tecnológicas, momento del enfrentamiento entre “modernos y posmodernos” (los que no podían diseñar sin grilla tipográfica y los que la odiaban, los que creían que el gesto de la mano no era posible trasladarse a los nuevos medios de edición digital, etc). Mucha “pirotecnia verbal” pero pocas ideas y reflexión acerca de cuestiones de contenido y de información relevante para la sociedad. Es interesante ver que las posiciones en contra no se dejaron esperar, se tildó el escrito de izquierdista, de ofensivo a quienes trabajaban comercialmente, inútil, utópico y hasta se lo ignoró con persistente indiferencia.
Imagen que representa la metáfora del “Diseño Gráfico como servicio técnico a terceros”, una concepción de la práctica del Diseño reducida al mercado y a la comunicación hegemónica.
Es importante mencionar que por ejemplo en la FADU este manifiesto no tuvo repercusión hasta entrado el año 2004, cuando publica Raquel Pelta su inspirador libro “Diseñar Hoy”. Algunas pocas cátedras que luego de la crisis Argentina 2001-2003 cambian o profundizan una línea de enseñanza del diseño tratando de salir de la lógica del Postmodernismo y los discursos de la deconstrucción. (hay que mencionar aquí que el Taller Libre de Proyecto Social, iniciado en el 2002 por iniciativa del Centro Estudiantes de la FADU y de Graduados que buscaban otra manera de desarrollar sus profesiones, hacen suyas entre otras, estas discusiones)
En el 2001, sin conocer el manifiesto, yo publicaba este trabajo en el Congreso de SIGRADI, realizado en la Universidad del Bío Bío en la ciudad de Concepción, Chile. Verán que fue escrito unos 6 meses antes del 19 y 20 de diciembre de 2001, pero indicaba una preocupación personal y profesional acerca del estado de la enseñanza y la práctica del diseño. Es importante mencionar que había colegas profesores y profesionales que también advertían que era importante un giro conceptual e ideológico en relación a la proliferación del diseño hegemónico. Entonces en aquel momento, fin de siglo, escribía: “Nuestro universo perceptivo se encuentra estimulado ante una creciente e imparable manifestación de comunicaciones visuales en las que se advierte una complejidad discursiva, donde con demasiada frecuencia se observa una utilización impune de “pirotecnia y artificios visuales” para una audiencia bastante dispar entre los que se encuentran algunos ávidos de ruido y otros de sensaciones superficiales. Al analizar buena parte de la producción del diseño actual encontramos asociados habitualmente los adjetivos experimental, transgresor, postmoderno, fashion, divertido y desestructurado. Esta adjetivación lejos está de relacionarse con lo corpóreo del diseño, con el contenido, con el espesor propio de la comunicación, de sus decisiones e intenciones; son sólo conceptos oportunistas que sirven para estructurar el estilo de la construcción visual. La perplejidad aparece cuando al analizar esas producciones sólo encontramos que el orden del diseño es tan caótico y que es tan insustancialmente defendible, que seguramente esto tenga alguna relación con la crisis del lenguaje y del contenido” (Rico, 2001)
“¿Dónde está el diseño? ¿Estamos dispuestos a contribuir con la energía de la discusión y la investigación para formar un nuevo cuerpo de contenidos para la enseñanza del diseño? Una discusión sobre la enseñanza del diseño hoy, debería contemplar la reflexión acerca del vacío de ideas y la ausencia de contenidos que mayoritariamente se manifiesta en sus claustros. Hay quienes plantean escenarios donde “el claustro debe salir a la calle, y la calle debe entrar al claustro” (Shakespear, 1997), o están quienes dicen que “la educación en diseño debe desescolarizarse y, al mismo tiempo, permitir que el estudiante aprenda por experiencia” (Jan van Toorn, 1997). Mi certidumbre está orientada hacia una enseñanza del diseño interdisciplinaria que enfoque especialmente a problemas específicos y no a campos disciplinares disociados, donde se interrelacione no por agregados sino por conjunción. Esta currícula debería intentar ser la superación de la tradición del programa del Bauhaus requiriendo conocimientos interdisciplinarios para analizar y entender las complejas interacciones de las comunicaciones en el contexto social, no sólo de percepción y construcción visual, sino de identidad, de discriminación de valores, entre otras dimensiones posibles de análisis. Esta idea de integración de disciplinas debería crear nuevas categorías para enfrentar un objeto de estudio complejo” (Rico, 2001)
Retomando entonces la repercusión del manifiesto fue la revista Eye el lugar de mayor intercambio de ideas, críticas y reflexiones sobre cada parte del “First Things First” en particular quisiera hacer foco en la denuncia sobre la producción de objetos superfluos o innecesarios, que en aquel momento era un tema con menos “prensa” ( hoy la mirada de Annie Leonard en la Historia de las Cosas y otros movimientos sustentables han instalado nociones del diseño verde o sustentablemente responsable)
Una crítica sobre este punto la acercó en 1999 Nico Macdonald, un diseñador británico que se preguntaba acerca de algunos puntos del Manifiesto 2000: “¿ Sobre que bases nosotros como diseñadores dictaminamos lo que es esencial para los otros? ¿Que hay de malo en un poco de seducción en el diseño? Hay que pensar que vivimos en una sociedad sin una visión que le de coherencia, así que no hay que extrañarse de que la gente se identifique más con las marcas que con cualquier otra gran idea. En nuestra era post-ideológica la reserva de confianza es escasa y las marcas son una de las pocas cosas que parecen ser dignas de ella. Y eso es lo que se pierde con el “First Things First” : la Gran Idea que pueda explicar lo que tenemos y cómo podríamos conseguir algo valioso”.
Raquel Pelta analiza estas afirmaciones y reflexiona desde un lugar que compartimos desde nuestro proyecto académico de enseñanza del Diseño Gráfico en la FADU-UBA y desde el ejercicio de la práctica profesional: “la parte más política del manifiesto y quizá la más útil, a tenor de las disquisiciones que se han hecho posteriormente, ha sido la tercera, donde se indica que los diseñadores están ‘respaldando implícitamente un ambiente mental tan saturado con mensajes comerciales que está cambiando la auténtica manera de hablar, pensar, sentir, responder y relacionarse de los ciudadanos-consumidores’. Ahí es donde parece encontrarse uno de los puntos de conflicto y también donde se enfrentan dos concepciones distintas de lo que debe ser el diseñador: un técnico que proporciona servicio o alguien comprometido con los contenidos a los que da forma”
Nosotros tomamos posición justamente por esta última, por un rol del diseñador que opera en la transformación social a través de su contribución en la cultura. Pero cuidado, nos encontramos a veces en nuestro ámbito con esta misma noción usada para ser “políticamente correctos”; y esto lejos de ser tomado declarativamente tiene una implicancia en personas, en organizaciones y necesita decisiones político-conceptuales y ese es el desafío de la enseñanza y la práctica del diseño comprometida con la realidad.
Tal como afirmamos en nuestra “carta a los estudiantes” (cátedra Rico) “intentamos descubrir en libertad y fortaleciendo la autonomía de cada persona, que no tiene sentido aprender a diseñar sin tener en la mira la situación general ya que cada uno se vuelve responsable del mundo que construye o destruye”
Quienes han aportado desde hace muchos años con claridad conceptual y coherencia política han sido Alfredo Saavedra y María Ledesma, personas valiosas para la FADU que han sido y son una guía inspiradora. Para finalizar quisiera aportar un concepto del libro “El diseño Gráfico, una voz pública” de María Ledesma: “En medio de esta regionalización pauperizada es posible una intervención de diseño que muestre una salida. Salida que, por ejemplo, contribuya a dar voz institucional a quienes no la tienen y necesitan tenerla. No me estoy refiriendo solamente a la voz de las agrupaciones políticas que se oponen al régimen sino especialmente a la de aquellos sectores productivos que no pueden tener espacio entre las leyes propuestas por el poder económico dominante”
La discusión y el intercambio siempre está abierto, por eso parafraseando a Lucien Febvre en sus “Combates por la historia”: ¿Vamos quien se apunta?
Esteban Javier Rico,
Agosto de 2010






