Pensar haciendo. Javier Basile.
“Hacer sin pensar”. Así designaba Bruno Munari, un clásico de la didáctica del diseño moderno, a una experiencia de taller. La denominación se torna aún más sugerente tratándose el ejercicio de la “composición en un espacio modulado de módulos cuadrados”. Cae de maduro, también, su reformulación invirtiendo los elementos. Porque de eso, pensamos, se trata uno de los grandes problemas de las metodologías del diseño y de su enseñanza-aprendizaje en el ámbito académico. Nos referimos a la dificultad en sostener un pensamiento dialéctico en un mundo donde desde muy pequeños nos han enseñado y nos enseñan cotidianamente a pensar de manera unidireccional, con rumbos predeterminados, de norte a sur, de arriba a abajo, de principio a fin, del concepto al objeto, de la idea a la materialización, de lo abstracto a lo concreto…, y la lista se torna larga (y hasta aburrida por lo habitual).
Enseñar, aprender, pensar, diseñar como lo proponemos en el taller, dialécticamente, significa –entre tantas otras cosas– reconocer la complejidad de los procesos, las idas y vueltas de los mismos –a menudo enmarañadas–, la multiplicidad de los enfoques y abordajes a los problemas, y asumir –de mínima– que las cosas no son tan moduladas como por adicción profesional a la síntesis a veces las ideamos. Así dicho suena elemental, tan obvio que suele olvidarse con frecuencia y practicarse muy poco. ¿Por qué entonces cosas que están unidas o al menos se presentarían unidas suelen comprenderse escindidas?
Cuántas veces hemos escuchado en el taller, en la voz de docentes y de estudiantes, frases como “la idea era buena, pero…”, “quise decir que, pero…”, “es lindo/ interesante, pero…”. Si la forma y el contenido pertenecen a una sola unidad, entonces porqué los inconvenientes; a una cosa le correspondería la otra y listo.
Pero la cuestión se dificulta cuando las palabras, en los lenguajes del diseño gráfico, vendrían a ser más imágenes que palabras –o palabras que ante todo funcionan como imágenes– y sobre todo, cuando la idea o el concepto existen solamente a través de la forma material del objeto. Otra ruta de contrabando afirma “por supuesto, cómo va a ser lineal el proceso, es complejo…”, a lo que se agregan comentarios en términos metafísicos como “fase creativa”, “alquimia”, “magia”, “talento”, que no sabemos en dónde articularían con esto de enseñar–aprender, y en una Universidad.
Tampoco renunciamos, por complejidad o dificultad de aprehensión, al abordaje de los procesos focalizando solo en los resultados, sino que, desde allí y reconociendo su fundamental importancia, trabajamos en los dispositivos que construyen tanto los procesos como los resultados. Dispositivos de taller, de diseño; metodologías teóricas y prácticas abiertas a la recepción de cada uno de los aportes y transformaciones que surjan. Trabajamos con flexibilidad, contemplando e integrando las contradicciones entre razón y expresión; planificación e improvisación (azar); lógica y estética; análisis riguroso y juego desprejuiciado; compromiso con la realidad y experimentación sin límites.
Sobra decir que en esta concepción de las cosas, sostener activamente el espacio del taller, de la Facultad, de la Universidad –y su tan mentada excelencia– implica también defender las condiciones en las que se lo lleva adelante, así como responder ante cualquier agresión o intento de cercenamiento.
Hacer sin pensar sería inútil si se piensa y no se hace.
Javier Basile
Diseñador Gráfico e Ilustrador.
Profesor Adjunto de Diseño Gráfico 3. Cátedra Rico. FADU-UBA.








